Y la cultura… ¿Para cuando?

09th Feb 2016 Sin Categoria

Una visión del actual abandono de la cultura, y el papel que debería cumplir el movimiento ateneísta.

La cultura ha perdido casi todo el peso e importancia que tenía hace años.

Tras la llegada de la democracia, la cultura, como la política y la conquista de derechos sociales y libertades vivió uno de los momentos más memorables de nuestra historia; proliferaron medios de comunicación y revistas de todas las tendencias, editoriales especializadas, películas de fondo, estrenos de obras de teatro y toda clase de manifestaciones artísticas y alternativas culturales que se expresaban a través de multitud de asociaciones; existía una inquietud social y cultural generalizada entre la ciudadanía.

Casi cuatro décadas después, la crisis y el sistema se han encargado de recortarnos derechos y libertades y, claro que sí, también la cultura se ha visto profundamente afectada.

Los “buenos momentos económicos de los años 90”, (con ayuntamientos muy activos y dadivosos), nos hicieron ver el futuro con bastante optimismo, pero la corrupción ha tirado por la borda muchos de los proyectos e ilusiones de millones de ciudadanos.

La crisis y la falta de cultura democrática están dejando a una gran cantidad de ciudadanos sin ilusión y sin fe en nuestras instituciones; la crisis se está llevando a nuestros hijos fuera de nuestras fronteras porque el futuro es incierto y la involución    democrática y cultural es manifiesta y evidente; No es achacable a una determinada opción política, otras también han tenido su responsabilidad en el desarme cultural y en la desmovilización de los ciudadanos como agentes y sujetos activos. Efectivamente la economía es lo que prima, los poderes económicos imponen gobiernos y los debates sobre el “estado” de la cultura han sido relegados e incluso olvidados

La Cultura ha dejado así de ser un tema esencial y básico para la sociedad en general y para las instituciones y el Estado en particular, y así hemos asistido impasibles ante atropellos tales como la subida del IVA a la industria cultural, considerándola así una actividad económica más sin ninguna consideración de servicio público esencial.

El renacimiento del movimiento ateneísta es una oportunidad que no podemos dejar escapar, y aunque los diversos ateneos, que cada vez abundan más, no son homogéneos y tienen cada uno sus propias características, sí que es verdad que existe un hilo conductor que los une a todos: la defensa de la cultura.

Sin embargo, comenzamos a ver la luz; la sociedad civil comienza a organizarse y vuelve a retomar la iniciativa planteando que tipo de sociedad quiere y, es aquí donde los ateneos tenemos que abrirnos, no para que los ciudadanos vengan a nosotros, sino para ofrecer nuestra organización como herramienta transformadora de nuestra sociedad y volver a poner en valor la CULTURA con mayúsculas.

Los ateneos no deberían conformarse con ser meras organizaciones productoras de actividades culturales, sino que volviendo al espíritu que les hicieron nacer allá por el siglo XIX, deben ir mucho más allá, y no deben olvidar nunca que lo importante es fomentar el espíritu crítico –lo que los primeros ateneos llamaban el librepensamiento- que es la mejor herramienta que nos puede proteger contra la manipulación de los poderes de todo tipo, y especialmente de los grandes medios de comunicación.

La reivindicación de nuestro patrimonio cultural material e inmaterial es otra de las misiones por la que deben luchar los ateneos.

Los ateneos deben volver a ser aquellos lugares de encuentro y debate de los ciudadanos al margen de etiquetas de ninguna clase.

Para todo ello se hace necesario que los ateneos sigan creciendo y sobre todo que se hagan visibles a toda la sociedad.

No se nos puede olvidar una cuestión fundamental e importante: debemos ser referentes de honestidad y ética para todos.

 

Carlos Castro Martín y José Manuel Simancas Berraquero

Miembros del Ateneo de Jerez

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